Una contabilidad especial para una actividad no bancaria. La recaudación de contribuciones en el Banco de España (1867-1888)

Rafael Moreno Fernández

Resumen


Siendo una actividad atípica, dentro del negocio bancario, la recaudación de impuestos directos por parte del Banco de España, a cambio de una comisión a percibir de Hacienda, logró alcanzar una importancia extraordinaria en su organización. A este objeto dedicamos el presente trabajo.
Con la formalización del primer contrato en 1867, el Banco entiende la recaudación como un negocio comisionista. Enfoca la contabilidad basándose en la partida simple y, equivocadamente, el análisis de riesgos en tal dirección, separado de la esfera bancaria. Para prestar el servicio, el Banco debe crear una complicadísima infraestructura recaudatoria que implica contratar personal, instaurar reglamentos, etc. y novedosamente crea la figura de los inspectores.
La situación política revolucionaria que se vive en 1868, con la instauración de un nuevo régimen, la guerra civil en 1872 y los desordenes de todo tipo, haría que la actividad recaudadora se desenvolviera en unas circunstancias todavía más difíciles. La economía padecía las secuelas de la crisis financiera y monetaria de 1866, que se reproducirán en 1872, llevando al país a un estado de quiebra técnica. Las entidades bancarias verían reducir su número a la mitad; poco más de una treintena sobrevivió. El fin de la guerra en 1875, abrirá una etapa de mayor tranquilidad política y económica.
El Banco de España con prudencia y experiencia logra sortear las crisis. Se convierte en 1874 en Banco emisor único, devolviéndole la supremacía financiera, eclipsada por la reforma de 1856. A partir de ahí, se enfrenta a una enorme tarea de administración, gestión y coordinación de la Central, del desarrollo de las Sucursales y la recaudación.

Con la renovación del contrato en 1876 se reorganiza el servicio y trata de integrar la recaudación en el engranaje bancario. Pasa a la partida doble y crea una contabilidad al efecto compleja, si bien su aplicación definitiva se producirá tras años de vanos intentos. Los riesgos ahora se miden y valoran como todos los demás del Establecimiento. La dimensión que alcanza el servicio resulta impresionante. Sin embargo, las relaciones con
Hacienda son difíciles, con continuas reclamaciones por las partidas fallidas.
Concluye el segundo contrato en 1888, y no se renueva por Hacienda, a pesar de la disposición positiva del Banco. Esto, por el contrario, no supuso más que la extinción de la recaudación activa. La liquidación de cuentas con Hacienda, tras 20 años de servicio, se prolongaría hasta entrado el siglo XX. Con todo ello el Banco adquirió un enorme bagaje en la gestión y control de un negocio de gran volumen y dificultad operativa que, sin duda, aplicó en el desarrollo de su red de Sucursales.


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DOI: http://dx.doi.org/10.26784/issn.1886-1881.v5i8.162

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