El Banco de San Carlos: la quiebra del principio de prudencia tras la salida en 1790 de Cabarrús y su equipo directivo

Rafael Moreno

Resumen


El Banco de San Carlos se crea en 1782 con tres objetos heterogéneos y que han resultado, en parte, incompresibles a los ojos de algunos investigadores: la gestión de los vales reales, el aprovisionamiento de las tropas y el Real Giro. Sin embargo, existían poderosas razones, y no solo económicas, para integrar en la institución tales actividades.
En los primeros años de funcionamiento del Banco se cumplieron e incluso superaron las expectativas de beneficios programadas. Sin embargo, una serie de operaciones conflictivas determinarían una crisis de confianza en la gestión desarrollada por sus administradores. Ante ello, y dadas las carencias de órganos de control efectivo en la entidad, se constituye en 1788 una Comisión de Accionistas, que revisa tanto las cuentas como la conducta moral seguida por los directores. Sus conclusiones, un año después, confirmarían la plena integridad del capital y la realidad de los dividendos repartidos. Una de las aportaciones de esta Comisión será proponer instaurar la figura de los comisarios que, a modo de revisores de cuentas, verificarían anualmente los estados contables.
Precisamente, la primera actuación de los comisarios iba a poner reparos a determinadas partidas con Hacienda, motivadas por el negocio fundacional de las provisiones. La evaluación entonces de la situación del Banco refleja un faltante de capital y se propone destinar a su saneamiento la totalidad del beneficio del ejercicio. Sometida esta decisión a los accionistas, acuerdan no recibir dividendo alguno, dedicándolo a la reconstitución del capital, manteniendo así el principio de prudencia, tras esgrimirse poderosas razones. Con nuevos directores en 1790, aunque se incrementa la evaluación del defecto en el capital, se rompe el principio de prudencia, anulando las razones que soportaron la decisión del año precedente, y se reparte un dividendo del 5%. Esta decisión quedaba soportada por unas expectativas que ya existían el año anterior y que no permitían reducir la fuerte incertidumbre existente.

Tres años después el Rey indemnizará al Banco en cantidad suficiente cubriendo, finalmente, tal desequilibrio. Durante ese tiempo el establecimiento siguió repartiendo dividendos, perseverando en el camino de haber quebrado el principio de prudencia antes sentado y en contra del buen crédito del Banco.


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DOI: http://dx.doi.org/10.26784/issn.1886-1881.v10i18.66

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